Mi sexo,
como el faro de La Jument
aguanta estoico sus olas saladas.
Embiste su escualeno
contra mis horas más solitarias
y encuentro todos los besos
que he ido perdiendo en mi vida,
entre sus muslos de tersa piedra
griega.
En favor de la locura y para no caer en rutinas de asedio apático.
Mi sexo,
como el faro de La Jument
aguanta estoico sus olas saladas.
Embiste su escualeno
contra mis horas más solitarias
y encuentro todos los besos
que he ido perdiendo en mi vida,
entre sus muslos de tersa piedra
griega.
Podría ser,
que todo lo conjeturado
por todo el mundo,
flote en esa extraña cinta
que rodea el mundo
y que todas las personas
cojan la misma conjetura
y la exploten conjuntamente
unificando no lo que se conjetura
sino lo que se imagina como
el gran deseo.
Todas las personas
deseamos lo mismo
aunque lo queremos de manera distinta.
No acabar en la soledad más dura;
no ser alguien despreciado,
no ser alguien sucio,
no ser alguien...
El efecto gente es dañino
aunque si lo trasformas en un fondo
sin forma definida, adaptable,
formas parte de la trasparencia
que se adhiere a la piel de ese horizonte
llamado universo.
Recogía del suelo
todos los cartones.
Los ponía, cuidadosamente,
sobre su vieja bicicleta
cargada de rayones.
Usaba los cartones y vestía con abrigo
viejo, roído y gris.
Llegaba todas las tardes al Aranzábal
a pedir un café con leche y alguna pieza
del bollería que sobraba de la mañana.
No le importaban los desprecios del barrio de Salamanca.
En sus cartones no escribía para pedir limosna,
escribía pequeñas historias que luego
colgaba por los lugares que pasaba.
Eran un mendigo generoso.
Regalaba poemas y contaba
como el mundo le trataba.
Decía que los insultos
eran como si quisieran regalarte
mierda, solo tenías que rechazarlos.
En las horas muertas del restaurante,
tenía largas charlas con él.
Pedro, sonreía y siempre decía:
Ay, dios. Qué vida esta.
Una vez le dije que se parecía
a Chanquete...
Se echó a reír y a llorar al mismo tiempo.
Con el tiempo desapareció
y nunca más lo volví a ver...
Alguien me contó que perdió a cabeza
porque en un accidente de coche
murió su familia.
Él conducía.
Venían de Nerja, porque sus hijos querían
ver el barco de Verano Azul.
En una mudanza desde Santa Ana a Malasaña
encontré un trozo pequeño de cartón que decía:
La soledad me ha enseñado a recoger la belleza
en medio del infierno.
Firmado por Pedro.
Siempre lo recuerdo,
quizá porque haya algo de él
en mí que aún llamea...
Tal vez esa soledad que ahora compartimos,
y subimos a las redes sociales,
que como barcos a la deriva
buscan la recompensa ajena.
He matado al otro yo.
He rasurado su ego cargado de ira.
Ahora solo estamos tú y yo.
No me falles.
No quiero caer.
... y si caigo
que sea sobre el heno fresco
de la primavera,
esa primavera
en la que llegar
es el verbo de la belleza.
Esa primavera en la que volver
es encontrarte las puertas abiertas,
las ventanas de par en par,
la vereda cargada de flores
que aun esperando la muerte
del otoño,
brillan sonriendo a la noche
porque el rocío las empapa.
He matado mi otro yo,
el que no supo escucharte llorar
mientras el terror se apoderaba del mundo
y lo echaba todo por la borda.
Te lo digo muy en serio:
quiero llover y ya.
Y por todas las horas muertas
he caminado muy despacio
soy alguien a quien no le gusta
llenar de manera compulsiva el tiempo.
La espalda sudada,
la vida absorta,
la libertad de ser triste.
La obligación de ser feliz
por imposición.
De todas formas
metamorfoseo
con el hipérbaton
aquellas tardes
de besos y cerveza
bajo la atenta mirada
de Lord Byron.
Y vuelvo,
y vuelvo al plan
de no tener nada.
Hace años que no llamo a mi puerta
y todo lo que he exprimido en estos años....
se ha ido,
se ha ido
se ha ido...
ahora ya nadie toca mi puerta
porque doy miedo....
y como el lobo...
lo que me ocurre es que
desaforo
y añoro,
y discrepo,
y sigo soñando
con aquel viernes
de musical
antes de abrir esta caja
de truenos que compraba a peseta;
antes de que el este
contara la historia de un fracaso
cuando maullaba como un gato...
En algún lugar....
a cualquier tiempo...
y algún día...
A lo mejor....
encuentre la razón de un amanecer
que la vida me regaló como engaño.
Amada música que viajaste conmigo...
te pido perdón por no haberte protegido...
mientras tanto...
sigo recordando aquellas jornadas
de amor sin condición...
sin dueño...
ni ama de llaves de este amor que aún llevo,
colgado del recuerdo.
Me dijeron que sí.
Al tiempo enviaron el borrador.
Es mi tercer poemario,
hablo de mí.
De mi infancia,
de mis terrores
de la sociedad,
de la imposibilidad
de cuajar en el mundo.
De como me engañan,
de como me entrego
a la destrucción..,
Hablo de esa soledad
que se te sube al hombro
y para callarla tienes
que buscar la fuente en el desierto.
Hablo de todo lo que tienes que superar
todos los días,
y cuando lo ves hecho
aparecen con la soga del cuello,
para que te aprietes las venas del brazo,
compres tus poemas, esos que ya tienes,
y te los inyectes cayendo al suelo,
con toda la mierda de antes
sobre tus hombros, trepando como un ángel caído,
mientras ríen los camellos del éxito.
Escupiré heroína sobre tus ojos
y entonces tu mundo será tan mierda
como el mío.
No soy tan fuerte
solo que aparento lo que nunca fui.
Me escondo para llorar
y aunque esté en la mierda,
delante de un montón de gente
hago el mejor de los chistes.
A veces pienso que ser un bufón
no es una cualidad,
sino una necesidad de mi alma,
para caer rendido ante el humor negro
de mis entrañas.
Descubres mirando en cualquier dirección
no colonizas, ni asientas... solo te sientas
a pensar que el mundo se ha podrido
sin embargo sabes que el amor
te salvará.
La soledad del pescador,
la tristeza del pescado,
la alegría del solitario.
Viajas por espacios impolutos
de cerámica y barro.
Quizá el mundo algún día
desee ser tuyo
pero tu lucha, como siempre,
será deslizarte entre calles mojadas,
bares de mala muerte,
antros que jubilan la noche...
Y no te hará falta nada
excepto saber volver a casa.
Una por los de antes.
Por las noches en las que la desesperación
me estrellaba la cabeza contra la pared,
estampando mi sangre contra un mundo
que no era mío, pero me tenía atrapado.
Tú has pasado y pasas como yo,
momentos de angustia en la que tus jugos
juegan al ascensor ciego en tu estomago.
Se te revuelven las tripas mientras las sabanas
hacen de ti un dürüm desesperado que se enfría,
tirado en un parque donde no has jugado nunca.
Nunca creí en la belleza
hasta que ella se sentó
en la parada de autobús,
abrió un libro de Peter Esterhazy
(Una mujer),
dio un trago a un café para llevar,
y me llevó arrastrado hasta
la arruga más pequeña de las sábanas
de su cama.
No fui capaz de imaginar más.
Solo eso.
Los muertos hablan a voces en la noche.
Mientras, en los bares, bebemos cerveza
con los ojos cerrados y rezando al silencio
de nuestras almas muertas, que queriendo
no escuchan las canciones.
Mientras lees esto, el heno se pudre
en el campo y alguien habla al borde
de una ventana.
Ayer conocí una tipa que hablaba raro.
Un hombre bizco que escondía algo en su mirada
y un enano que bailaba al ritmo de un cojo.
Cuando nacieron los felices perfectos,
Dios tenía su mejor día
cuando nacimos el resto,
nadie pilotaba el mundo,
es por esto que el universo
tiró la llave y nos quedamos encerrados.
Era colombiana y tenía 19 años.
2008 fue un gran año.
Iba a verla a menudo al bar en el que trabajaba.
Su erotismo reventaba a cualquiera que se le acercara.
A mí, por contra, me enternecía tanto que llegué
a decirle que era como la hija que nunca tuve
Era desvergonzada y todos los babosos querían acabar
con ella en la cama, o en cualquier rincón para meterle
mano y sacarle las cervezas.
Yo solo veía soledad y melancolía en ella.
Una vez le mandé que escribiera cien veces
"No volveré a estar borracha trabajando"
A los dos días me lo entregó.
Tiempo después se lio con un tipo
que manejaba mucho dinero,
y desapareció para siempre
como el agua cuando quitas el tapón de la bañera.
Todavía corro por campos quemados.
Qué os habíais creído, manada de mancos de palabra.
Porque ya no me veáis hacer lo que os tortura,
no significa que haya perdido la fuerza
que tengo en mis tripas.
Todavía corro por campos de piedra espinosa
con mis pies descalzos, bautizando con mi sangre
vuestros nombres vacíos.
Podría si quisiera tumbaros con una guadaña
de papel de estraza.
Sin embargo, prefiero, como siempre,
permitir que la envidia os arañe el corazón,
tan vacío, que tenéis, por no mirar más allá
de los espacios llenos, de la opulencia barata.
Poseéis un bajo precio, os vendéis barato,
Vuestra sabiduría es criticaros frente al espejo
señalando con el dedo por detrás de vuestras espaldas,
y en la punta de vuestro dedo, el universo negro que ansiáis;
justo detrás lo que yo quiero, rompiendo vuestro espejo,
acabando con vuestra basura, vuestra suciedad inherente.
Todavía corro, sí. Por encima de vuestras cabezas
sin que seáis conscientes de que quien tiene nada, es el amo del universo.
A veces siento que el frío no llega...
será que el temor de la vida,
me da oportunidades que no entiendo.
Estar lejos hasta de mis dedos. ¿Sabes? hay momentos en los que arder sería mejor que desaparecer. Momentos en los que la desmemoria podría arrasar con todo lo que me sucede constantemente desde hace tiempo.
Hoy he querido superarme, pero me cuesta arrancar de la línea de salida y a la primera vaya, he caído hacia el cosmos de la inactividad. Barro de un lado a otro las miserias de mi vida y no alcanzo a comprender dónde me dejó aquel perro imaginario que tuve, al que llamé Boris.
Boris desapareció y aún espero encontrarme con él. Es la única esperanza que mantengo de mi niñez y la única que aún mantiene el fuego encendido.
Quizá algún día aparezca y me lleve por las calles que el tiempo ha reformado y que ya no son como antes.
Hay que dejar que choque.
Que se estrelle contra esa sombra que no existe.
Y ahí, justo ahí, abandonar esa extraña ambición.
Sabrás que todo lo que has deseado
es una canción compuesta para que la escuche
todo el mundo.
Sí. Escribir poesía no es renglón y espacio...
Lo sé, lo critico...
pero es un poema profundo
sentir ese renglón como nada...
y ese espacio, este espacio que ahora te digo...
dejar que actúe
como una anarquía universal,
a la que acudes como si la existencia
hubiera sido inventada sin reglas.
¿Verdad?
Ahora que estoy solo,
que ya nadie me visita
digo que adoro mi pena
emparejada al dolor
Hace 15 años me dabas la mano
y ahora te he olvidado.
Mi cabeza está a mil cosas,
sin embargo vuelvo a ti
con la culpa de un niño pequeño
Parece que emprendo otros caminos
pero te digo que llevo conmigo
ese contigo que pactamos.
Continúo adorando las moscas.
Las moscas son poemas,
como el aullido del lobo
o la visita del mirlo.
Vuelvo a ti, aunque ayer te olvidara.
Vuelvo a ti, porque nunca me he ido.
Es este rincón cálido de palabra.
Es esa ilusión que no extingo .