Cincel, corazón, segundo, ladrillo nuestro.

Agarrándome con sus manos,
siento que me convierto en reloj,
marco todos sus segundos
como minutos eternos,
que en su mínimo instante,
me hacen fabricar eternidad
a cada paso que doy con ella.

Sus manos, manecillas de reloj,
marcan mi existencia con el cincel
de su mirada, en un corazón
que yo creía ya de piedra.

Pasa el tiempo y me golpea
sale el sol y me resucita,
eterna rama de eucalipto,
viaje a la garganta,
todo es tiempo escaso
todo es minuto y segundo,
¿Para qué más si con menos
vivo?

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