Atardecer en el bar.

Es menos de lo que puedo soportar,
mirar a través de las manos,
sentir más allá de lo combatible

Siento que a veces todo es una guerra,
que se deshace en te quieros cantados
por una gata muda, que camina por las cornisas
de la entraña del mundo.

La guerra no es más que una escoba,
la crisis una cortina de humo,
humo de gente quemada,
abrasada por el mundo.

Sentir más allá de lo combatible,
es ganar una guerra que no se empieza.
Guerrear con lo factible, usar la palabra,
soñar que esto puede ser una carta
que al ser leída trasforme en palpito,
la inmersa miseria del poder acunado
en las esferas del oro.

Guerrear, versar,
destrozarte las manos y la lengua
con todas las razones, ser un genio
insistiendo en la razón que nadie entiende,
ser un loco que hace de ello su vida.

Pero el mundo tacha y crucifica
antes de ser afamado, y cuando lo eres,
te endiosan.

Mirar a través de las manos,
sutil palabra, nace en esa llanura espesa,
cómo si fueras mi propia guerra.