En favor de la locura y para no caer en rutinas de asedio apático.
Rasco con mi dedo las etiquetas, buscando el premio que no llega.
Mirando el cielo que piso.
Cuento mi desesperación
por los arañazos
en mis paredes.
Mi ciclo es como el disco
que rayas de tanto escuchar.
Cuento como el preso
las marcas de la pared,
grafitis insensatos
dentro de cuatro paredes mudas.
Cuento,
esa pieza imaginaria
que relato por lo bajo,
mientras todo es un disfraz
inevitable de sensatez mugrienta.
Dentro de la piel hay un reloj que pocos miran.
sea lo más exacto,
has de prever
cuando el parpadeo
arde sin asunto, ni creencia.
Has de poner el pie lentamente,
y la vida florecerá
en medio de la ciudad
ruidosa y repleta de mugre.
Parpadea lentamente,
el secreto es hacerlo,
saber que lo haces.
Mira a tus lados,
como si miraras hierba,
árboles,
abejas,
mirlos,
lobos,
e incluso peces
que nadan por el aire.
Mira y avanza,
en silencio,
como el bicho raro
de la selva.
Con el corazón
a punto de reventar,
para llenarlo todo
de vida desparramada
por las esquinas sucias.
Como el semáforo
que se te pone en verde
a todas horas,
en cualquier momento.
Viaje al silencio
Cubiertas las estancias
solo nos queda
la duda acuosa
de no ser nada.
Imaginada compañía
que genera llaves
a todas las puertas,
se cansan las preguntas
de no ser resueltas.
Tropiezos a expensas del hambre.
Cuatro clavitos
tiene mi cama,
mis dos ojos
me vigilan.
++++++
Escribo
porque la vida
es una ecuación
y yo soy de letras.
+++++++
Siempre que alguien
se va,
mi corazón
hace como las lavadoras;
desordena mis calcetines
para dar un tras pies
tras tres tristes dudas.
Esas que desgranan
la vida con prisa.
++++++++
Sale el sol
sin pedir permiso,
como la sonrisa
exuberante de su boca
mañanera.
Punteo del hambre y el equipaje vacío.
He realizado
muchas impurezas
por buscar en el mundo,
como el que rebusca
en la basura,
el tesoro para el estómago.
Siempre deambulo
por el hambre;
una mentira callejera
para mendigarle besos,
y beberme con ella
una cerveza.
Capitulo solitario de dolor confuso.
Embebida en la lectura
no es consciente del viento
que le mueve el pelo.
Dentro de su pecho,
en esa caja, corren las aventuras
que las letras describen.
Suspira,
gesticula,
mira al horizonte...
dibuja un mar
en medio de la ciudad
decadente.
Como cerrada al mundo
pero con el corazón entreabierto
descifra el infinito con el número
de páginas.
Suspira y lee,
la vida es un libro,
vivir una lectura.
Ecuación para sombras sin nombre.
Es una constante,
sin espacio que resuelto
sin pregunta
resuelvo con
l
i
r
i
c
a.
El movimiento
transaccional
de lo emotivo,
lo emotivo
como movimiento.
Delante de mi casa
hay un jardín quieto,
en medio del jardín
todo es movimiento,
lo visible
y lo imperceptible.
Viajo como movimiento,
descuido lo quieto
que se mueve dentro de sus emociones
por eso me ataca
y mientras, yo...
me muevo
me muevo
me muevo.
Resuelve la ecuación
de este movimiento.
Me muevo entre quietudes,
y el río pasa tranquilo
por el jardín quieto.
Busco entre la hierba,
pequeñas lespedezas,
para tu pecho.
Ave Fénix congelado por acción deshecha.
que se ha convertido
en constancia en medio
de la esperanza.
Así llevo en el alma
el no abandonar,
porque por el abandono
llevo en cuesta,
este recurso dejado,
para lo que hago,
fuera de una guerra perdida.
La constancia de un fracaso
es el método de la vida,
así como la muerte,
el mejor remedio,
para el sufrimiento de la existencia.
Vitalidad entrada en carnes con emociones que acarrean piezas rotas de un juego con cartón en su alma.
y parto en dos las euforias
de los hemisferios extraviados.
No tengo en cuenta
ninguna historia,
siento a todas horas
una soledad que no cesa.
Ya no hay pinturas
en medio de las calles sucias,
ni besos manchados de cerveza,
ni alientos con aroma a tabaco,
ni drogas que abran nuevos
imaginarios para deshacerlos
con la desesperación
creativa; esclava
de la autodestrucción.
Me gusta perderme
en la clave inexacta
de las palabras que lanzas
como si no supiera
lo que dices.
Joder,
ahora estoy atrasado
en medio de un reloj parado.
El sentido de la existencia
es la arena descarrilada
que busca un agujero
por el cual caer...
como yo cuando te imagino
mientras muero en un reloj
de arena mojada.
Esfuerzo de la molestia supina.
que todos tienen.
Muerte deletreada
y vida destinada.
Cadáveres humanos,
las piezas óseas
que nos sostienen,
son testigos del interés
de una conducta enferma.
Reparando los pasos con barro del dolor.
tapo mis grietas con el barro.
Resiliente me encamino
de nuevo a mi propia
encomia de tapar
aquello que duele
con la belleza cercana.
Soy como el cuenco
roto entre tus manos,
Llegué roto y me armó de nuevo,
llegué partido y supo usar
el pegamento que sus heridas
traían, jamás escuché queja
mas sí un canto que se elevaba
por encima de nuestra soledad.
Entradas con traspiés dentro de una humanidad que apesta.
se levanta dentro
de un contratiempo
que no está en su era.
Recambia las piezas
que le faltan,
por puras faltas
de ortografía callada.
Amasa espacios
callados que resultan
resolver laberintos,
sin tierra ni hierba.
Se debate entre ideas,
pero nunca, ninguna, gana;
únicamente se juzgan
entre voces huidas
del sentido común,
que baila lejos
con los que lloran.
Caer con cara de decepción
es tener la sabiduría
de una lucha sin cuartel.
Rapsodia de símbolos que representan el fracaso de la sangre sobria.
conmigo mismo,
nostalgias con raíces
tan profundas
como los recuerdos de mi infancia.
Como el enso soy simple
a primera vista,
pero simbolizo todos los miedos,
y hasta los sustos
que guardo en mi bolsillo
son de color oscuro.
Huelga per se
que soy indómito
a mi reflejo,
por eso acabo harto
y maldito, colmando
calles ebrias de sustento
vetusto.
Despreciando las sombras de mis demonios.
Vacío
escupo en mis manos
las palabras que no escribo.
Peino mi pelo estirando
hacia atrás fuerte,
deseando apagar
todo lo que ocurre
de manera constante.
Me cepillo en silencio
apagando el fuego del pecho,
sintiendo en mi lecho
lo común,
de mi ego miserable.