Lo que siempre me callé y nunca dije.

Te lo digo para que lo sepas,
me ando mucho por las ramas,
a veces hablo mucho y otras
callo demasiado,
no suelo ser de maneras elegantes,
más bien toscas,
probablemente hasta te avergüences
de mi conducta,
y te irás de los bares para no verme
como con gilipolleces, tus amigos me miran
pensando en que el verbo no nace de mi boca,
como suele aparecer en las suyas, tan correcto
profundo y útil.
Suelo llevar una cuerda para saltar a la comba
por si me aburro,
y cerca de mi, en el bolsillo, una chepa
y en otras ocasiones una nariz roja.

Pero a solas, me gustará mirarte cuando menos te lo esperes,
y en el momento que duermas me despertaré para masturbarme
mientras te miro, porque habremos echado unas horas
antes, un puñado de hojas secas y lagartijas por nuestras
gargantas.
Quizás el esperma lo derrame en tu lado de la almohada,
o lo deje caer suavemente en tus pies.
También me gustará cocinar para ti, y los tuyos.
Y a lo mejor, hasta algún día te deje que me digas
al oído pero sin que nadie lo sepa:
Que me quieres.
Pero llévate ojo, y no me quites plumas negras
para meterlas en tus ojos y provocarte llanto,
porque entonces, será el momento de la retirada,
y mi ejercito de emociones se derretirá entre tus dedos.