Vida de astros.

Mientras bebíamos cerveza
en una terraza de la plaza Santa Ana,
recordaba esas escenas de las películas
en las que ella acaricia la pierna con su pie, a él
bajo la mesa, de largo mantel.

Por primera vez quise ser mujer y hacerlo.
Por ultima vez fui hombre y le dije:

Regalame tus bragas, para llenarlas
con mis astros infinitos. Esta noche me las pondré
y te sentiré en mi sexo, con el rastro de tu universo.

Acabé la cerveza, se quitó las bragas,
las olí, las hice mías, y el poema nació
en lo más profundo de mi estancia,
en lo menos cadáver de mi sentencia
que fabricaba una muerte para acatarla
entre mis manos.

Montamos en autobús,
la acompañé,
eran las cuatro de la tarde,
iba borracho de melancolía.

Entré a un bar, me puse las bragas.
Jamás la volví a ver.
No me ha hecho falta
su cuerpo, tan solo su esencia.