Carta receta y bares.

Hay otras vidas
igualmente 
enmarañadas.


Como humanos
no estamos solos,
somos
un conglomerado,
hacemos sucio
casi todo.


Como un ovillo
de lana espino,
tejemos ropa 
para luego ponerla
y sufrir con ella.


La vida
no es más que ropa
sucia que pincha
y molesta.
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Ella me mandó
este poema...
mientras
abría el sobre
y miraba su
foto, fui
a la cocina
a por una
lata alta
de cerveza.

En la foto
se veía
a una mujer
de casi cincuenta
años
pero con un cuerpo
maravilloso,
llevaba puesto
tan solo
un tanga.

Después
del poema,
una carta
en la que decía
que vendría a Madrid
solo a follar conmigo
y a conocerme.

Arrugué el sobre,
usé la foto como
posa vasos
para no ensuciar
la mesa con el agua
de la lata...

soy poeta,
soy cuidadoso,
más no ordenado.

Agarré el poema,
lo volví a leer,
lo dejé
encima de una receta
del medico.

Eso me recordó
que debía ir
a verle al día
siguiente,
me producen
angustia los médicos,
son como los talleres
de coches,
siempre sacan algo nuevo.

Así que me bebí
la lata casi de un  trago,
me vestí,
eran casi
las once de la noche,
bajé al bar de la esquina,
hacía tiempo
que no veía a Frank el Tuerto,
el camarero...
desde la ultima vez que fui
al medico.