Entre lo eviterno y lo exento.

Una navaja
oxidada
parió
un destino...

Resulta
que pasaba por ese
lugar
la humanidad...

Y desde entonces
anda esta mujer
entre el filo
y el oxigeno,
acumulando
lunas
que no salen...
las esconde
en su zurrón
de pellejo
pútrido,
donde la sangre
no filtra
y se ahoga.

Y una navaja oxidada
parió un destino,
y el mundo
tuvo a una
humanidad
hija
de una puñalada
en la raja del cosmos...

Qué la satisfacción
no conocía
sentido,
hasta que el navajazo
abrió
la carne al orbe
y mostró
una vida
llena de venas,
que abiertas
eran felices
por ser conductoras
de vida.
Horizontal,
horizontal,
horizontal,
relleno
el espacio
de vida
y
muerte...
con desafíos
al engaño.