Esperando al genio

Estaba sentado echando cerotes
en el baño, ella entró a por su crema,
y me puse perro al verla, se me puso
duro el cipote.

La agarré por el culo y llevé
mi dedo corazón hasta su chocho,
gemía mucho, también se puso
muy perra.

Froté.
Su vagina es como
una lampara maravillosa,
emergió entonces al rato
su orgasmo; concediéndome
tres deseos:
mi corrida en su espalda,
una ducha caliente,
y una cerveza fría.