como ese dios
que para bailar bajo Yōgō
quebranta sus huesos.
esa de que una deidad
no necesita la tierra.
En favor de la locura y para no caer en rutinas de asedio apático.
Tiembla quieto
el árbol en la noche.
Aviva fuerte la hierba
el fuego ligero.
Recibe con alegoría
la lluvia, el charco solitario.
¿Quién no arde
al sentir esto
mientras lees
a solas una etiqueta
de cemento?
Mis venas van cargadas
de fuego.
Cabalgo a solas
lleno de silencio.
Tiembla quieto
el árbol en la noche.
Aviva fuerte la hierba
el fuego ligero.
Recibe alegoricamente
la lluvia, el charco solitario.
¿Quién no arde
al sentir esto
mientras lees
a solas una etiqueta
de cemento?
Mis venas van cargadas
de fuego.
Cabalgo a solas
lleno de silencio.
Coincido con el vacío
en el preciso momento
que la duda se expande.
Como la apertura de alas
del ave, que olvidada realiza
su migración solitaria,
me desperezo por las mañanas.
La vagancia me colma el espíritu,
remoloneo en medio de la cama
como el niño que juega en el barro.
Describo mientras el sol
llama a mis parpados,
tu nombre mientras despierto.