Cada poema que escribo,
es una menarquía que disfruto.
Beberte en las calles,
al tiempo que menstrúo,
hasta el final de la ciudad,
en la que nos espera
una botella llena,
un plato colmado.
Sexo oral,
vientre desangrado.
En favor de la locura y para no caer en rutinas de asedio apático.
Cada poema que escribo,
es una menarquía que disfruto.
Beberte en las calles,
al tiempo que menstrúo,
hasta el final de la ciudad,
en la que nos espera
una botella llena,
un plato colmado.
Sexo oral,
vientre desangrado.
Imagino la soledad,
y me la creo.
En cualquiera de sus formas,
no es agradable si te atrapa.
Soledad es una especie de infusión
de todos tus miedos;
que acabas bebiendo.
Te arde hasta con hielo.
Sé que corres con un testigo
en la mano,
sé que te retuerces tanto...
que tus sabanas son un bocadillo
de soledad, que masticas,
con tu sueño blanco.
Sabes que sólo te encuentras,
solo en la ciudad... buscando
Miente,
di que no lo haces.
Hago apología
de mi destrucción,
me mato cuando no estas.
Bebo desconsoladamente,
Lloro con vicio desmedido.
La soledad es pequeña,
en medio de mi pecho.
La angustia y mis sabanas,
agua y aceite...
hojas amarillas por siempre.
Arrancando uñas
contra la pizarra
de tus besos,
sólo me queda,
vivir contra el viento
inerte de la esfera.
Cada paso que das,
las flores se desvirgan.
Iré corriendo
por las calles, con la muerte
entre mis cabellos.
Me destiño,
envuelvo en lejía
todo lo que pienso.
Autoagredo mi ego;
vacilo a mi yo profundo.
Es la hora,
de matar las formas.
Como el ave
que busca carroña,
así en ocasiones
es el pasado insolente.
Una muerte con cara B...
en la que nunca recuerdas
la melodía, mas siempre,
la lírica.
Discos rayados,
agendas con tachones legibles.
Esta noche voy a matarte,
como si escribiese a máquina.
Todo estomago
es como un anzuelo.
El corazón engaña
y mata.
El hígado habla,
escupiendo verdades.
Si lo piensas,
todo está tramado.
Incluso
cuando las ventanas
se rompen,
al cerrar, muy despacio,
las puertas.
Tengo que dejar
de pensar
en mi cuero cabelludo,
y en mis uñas,
y en quedar siempre bien,
y en beber tan poco,
Y en el ruido de mi cabeza.
Es necesario dejar de ser yo
para pasar más tiempo,
con mi otro ego...
he de estar conmigo
para centrarme en ti,
como lo deseo en mi;
siendo tú, la sustancia
bipolar de mi yo.
Todas las desidias,
las llevo colgadas
de mi llavero,
por eso el suelo de casa
está preso,
y, mi coche,
en ocasiones,
no arranca.
No encuentro
a veces,
lo que imagino.
Me empujo
y me digo...
"Ya has acabado;
tanto rascarte,
y no hallas el premio"
Se consciente,
has jugado tanto
a esto, en este rincón...
que te has vaciado
el bolsillo, pagando cervezas
y escribiendo poemas.
Apuesto a esto...
a la desesperación,
a la borrachera,
al olvido
que tanto me rescata
de entre las rocas
imaginarias,
que provocan
las voces que escucho.
Nadie lo sabía hasta ahora,
cuando escribo así,
le estoy tirando la toalla
a la muerte, a la cara.
No es nada importante,
tan solo un poco más
de desesperación en medio
de la madrugada;
puedes estar tranquilo,
o tranquila,
esto...
no te arrancará los dientes
cuando la sopa te arañe.
Ella,
pronombre absoluto,
adjetivo adjunto
a mi emoción alienada.
Esa ella,
rara avis
de lo que sueño.
A veces me duele tanto,
tanto y más, que incluso sufro...
duele en la pesadilla de andar
despierto...
En el sexo de mordisco
que centella; cuando
Chasmata rumorea
y la tierra tiembla.