Explotándome la primera espinilla, paso la maquina de afeitar para sesgar la crítica.

Tenía que decirlo ahora,
me lo preguntan a menudo,
¿por qué te dedicas a la escritura?
muero de miedo por lo que contesto:

Escribo porque oigo voces,
siempre han estado conmigo,
nunca me abandonaron,
quizá en alguna ocasión,
pero solo a veces.

De niño tenía un perro imaginario,
era un San Bernardo y se llamaba
Boris.
Se me perdía de vez en cuando,
y las mujeres mayores me ayudaban
a buscarlo;
pedía al carnicero patas de pollo,
y Boris, se las comía.

Andaba loco todo el barrio con mi imaginación,
...¡tan real para mi!.
¡Tan poco solo me sentía
gracias a ella!.

Después los ladridos se convirtieron
en voces, y las voces tomaron
forma, por eso hablaba a solas
para unos, y en compañía para mi solo.

Ocasionalmente sigo hablando solo,
muy a menudo;
es la manera de seguir con ellos,
no decepcionar a los que están
conmigo.

Cualquier lugar es bueno,
siempre estoy absorto,
vuelvo de esas visitas
robado de alma,
con la tristeza tan desarrollada,
que puedo enredar mis dedos
entre sus cabellos.

No es que sea un loco,
ni un tarado,
ni un pirado,
solamente,
estoy más acompañado que vosotros.