Escuchando el crujir de las ruedas.

Castillos de arena,
princesas de cuento,
mascaras de estaño.

Todos los sueños
están ebrios,
trementina y farlopa,
las calles desahuciadas
de nombres,
los hombres
llorando por las esquinas.

Todos los aullidos
caben en un tercio
de cerveza.

Calles sudadas.

Los pasos
como parpadeos
de un cocainómano,
dibujan la soledad
que se escurre por
las horas escondidas.