Recibiendo el día entre sus piernas.

Hace tiempo que sigo
el sol.

Es de noche dentro de la luz.

Me gusta que me bese por las mañanas
mece mis entrañas en cuna de mimbre.

Hace tiempo que sigo el sol,
aunque sé de sobra
que es ella,
y que su vagina es una estrella
fugaz,
que riego con cerveza,
y peino con mi lengua.

Amanece cuando acaricio su cintura
y sale por el este de sus excitaciones,
un clítoris resplandeciente.

Recibo el día entre sus piernas
a las ocho de la mañana,
a las tres de la tarde,
a las once de la noche,
durante la madrugada;
el día comienza cuando
su orgasmo se vierte en mi cara.