Entendiendo el rugir de los leones.

Llegada de una flor muerta
es la consciencia del mundo.

Creíste ser baraja,
y eres roto en el comodín
que nadie usa,
olvidada del juego,
se me pudren tus penas
en las manos
de mi incertidumbre.

Llevas en la cabeza
las ramas deshojadas
de un otoño eléctrico,
llevas un mar de peces muertos,
donde es mejor
llevar un corazón rojo.

Solloza sobre el minutero,
que las horas para ti,
ya no pasan,
y te atascas en el tiempo,
como en hora punta,
los coches en la carretera.