En el ocho, me levanto.

Ya lo sé...
todo lo malo
que puedas decir,
ya lo sé.

Ahórrate el esfuerzo,
me parieron puro,
me forjé pájaro
de mal agüero.

Todas las flores
que me cultivaron,
me las arranqué,
y las mastiqué.

Por eso digo:
soy como soy,
me presento
a mi mismo cada noche,
nunca soy el mismo.

Pero las flores que mastiqué...
ahora abonan ese momento
que te miro y tu ríes sin saber
que te apuñalo a besos,
por la espalda,
buscando este callejón sin salida,
para quedarme contra las cuerdas,
y sentir el K.O. de tus caricias.