Truco contra la ansiedad.

Despacio...
lento...
pausado...

Deja que salga
y espera.

No es necesario
hacer mucho caso.

Tan solo si sientes
que te quema...

Deja salir su aliento
de dragón,
para que eche
fuera
una llamarada
esperanza.

Es un truco
fácil.

Volando sólo en medio del abismo.

Como el hielo
en vaso de agua
caliente.

Giraba su corazón
para verlo fundirse
en el calor de la muerte.

Sólo, solo
se inició en un extraño
rito
en el que se infligía
un vacío brutal,
en el que lo único
que vivía era su pasado.

Corazón de hielo
en vaso de agua caliente.

Toda su ilusión
cayó
desde lo alto
de la azotea
de sus sueños
estrellándose
contra el suelo
plagado de cielos.

Salpicó
agua caliente.

Desparramó
su soledad
por el mundo.
                                          A Sergio Perez (Buzo)

La extrañeza de los zapatos.

Era un adolescente
con la cara lisa
y el alma llena de acné.

Tenía, cómo ahora,
ciertas fijaciones extrañas
para pasar mi tiempo libre.

En casa me masturbaba
con jamón york, y lo liaba
en papel de aluminio
para regalárselo 
a la chica que me gustaba
del colegio, que pillaba de paso,
en el camino a casa, pero...
ella pertenecía a los ganadores.

Ellos llevaban raquetas 
y deportivas de marcas caras,

Yo gafas de pasta, barriga
y
vergüenza.

El papel de aluminio
en mi mochila, pasaba días
y el de los días, anteriores,
más
días...
mi mochila era un retortero
de hijos muertos...

Mi mochila era un marsupial
de mi propia vergüenza.

Un día se me cayó
un bolígrafo al suelo,
el profesor me castigó
porque pensó que miraba
las piernas de mis compañeras.

Pero solo contemplé
los  zapatos, las hebillas,
los cordones, las suelas...

las patas de los pupitres
eran cómo celdas del sexo...

Colegio de curas...
pajas de esparto...
dolor al placer...

De pequeño siempre fui un salido...
un pajillero que se corría
con la ilusión de entregar un regalo
envuelto en papel aluminio...

El día que se me cayó el boli
vi los zapatos de todos mis compañeros
a través de las patas de los pupitres
de clase...

Aquella extrañeza de los zapatos
me llevó a escribir mi primer poema.

Tantos poemas 
escribí a escondidas,
que cuando un día,
los metí en mi marsupial
del vergüenza...
mi semen treceañero
cetrino...
se había convertido
en lagrimas...

Entendí entonces,
que mi esperma
no era más que un poema...
versos con los que convertir
el sexo:
en fetos
dentro
de
mi
entraña...

Despejando tormentas.

Hazlo.
Llueve conmigo.
empapa esta rareza
vivida.

Llueve conmigo.
Aparta esta tormenta
con tu lluvia.

Imagina que crece
la hierba.

Llueveme.
Dame la vida.

Orina mi campo
con tu toalla
de noche,
para olerla
en la espera.

Lo dejé escapar.

Salió un tren.
se me escapó.

En él, todo viaja.
se me escapó.

Sonó el silbato.
se me escapó.

Mi maleta pesa demasiado.
se me escapó.

La ropa arrugada es triste.
se me escapó.

Su mano no me agarra.
se me escapó.

Se me escapó...
ya no sonrío.

Se me escapó.

Goteando

Espero a que suene
el resuello
de la esperanza.

A penas emite
sonido.

Solo algún
estremecedor
recuerdo.

En el bosque
de bambú
todo es imaginativo.

Algo ha cambiado
que me trastorna
el acercamiento
a la desesperanza.

¿Quizá sea la progresión
que me aleja de la angustia?

No hay ciegos
en el país
de los muertos,
no hay más que cuerpos
que se denuncian
en verso.

Onírico
mundo.
Infecto
sueño.

Toda
la verdad
es
un corazón
con
forma
de
vaso.

Amenazado después de muerto.

Soy un zombie,
y cuando la gente
dice, "te voy a matar"
siempre contesto:
Ya estoy muerto.

Es la ironía de la vida,
que todos quieran
disfrazarte de lo que eres,
para hacerse más grandes,
en su retortero de ignorancia.

Inútil y necesario

Me gusta equivocarme
ser ese extraño que ríe
cuando le salen mal las cosas.

Soy raro, tengo mal carácter
me huele el alma a aliento cervecero,

Me gusta ser el hombre oxidado...
escribir a deshoras y gastar bromas
que nadie soporta.

Soy un experimento de Urano.
Un anillo falsificado de Saturno.

Me gusta decir soy...
Es cómo si el hombre
del supermercado
me pusiera precios
con su pistola de pegatinas
naranjas...

Inútil y necesario
cómo el spray
o el exprimidor...

Ser me
es útil
viaje a la extrañeza...

Bailas con la luna
y nadie te critica...

Eres un loco...
es maravilloso.
Me equivoco
y sonrío,
así aprendo.

Sinsabores.

Fui hasta el parque
paseando despacio.

Respirando y olisqueando
todas las esquinas.

En cada una había dejado
un rastro de su paso por esta vida.

El olor era agradable,
una mezcla de azufre y polvora.

Despacio cómo una hormiga lenta
que agita sus antenas,
anduve hasta llegar al parque.

Me detuve en la puerta.
El parque tenía una puerta
de hierro y rejas.

Pensé que toda belleza
tiene rejas y puertas.

Imaginé toda la belleza
cómo pájaros que escapan
de jaulas, y el corazón
se me llenó de amargura.

Me centré en el rastro
que había dejado su aroma.

Continué hacia el lago
tras pasar la rosaleda.

Y allí estaba,
tendido en el suelo...
cómo un pantalón viejo.

Su rastro a muerte
me llevó sin dudar
hasta él.

Mi propio sabor
había muerto.

Poca Cosa.

A penas
pena,
y tan solo
gime.

Nada,
es poca cosa,
todo es suyo,
incluso
la pena,
pero tan solo
a penas.

Porque la pena,
solo
en minutos
gime
su nombre...
pero es poca
cosa.

Muerte al verso.

Quiero matar 
mi poesía.

Asesinarla.

Cogerla por sorpresa
en un callejón 
a oscuras...
y rajarle el cuello
con una hoja
llena de faltas.

Deseo que mi poesía
se suicide,
tome mil pastillas
y duerma,
que deje esta 
vida de pesadilla
y se entregue
en el sueño
al voraz olvido.

Quiero que muera 
en medio de esta urbe,
mientras los coches
se saltan los semáforos
en rojo,
y
los abuelos, piensan 
en los amigos de los nietos,
para masturbar su tiempo
imaginándose niños de nuevo.

Ojala muera para siempre
y no despierte a mi corazón,
pájaro muerto que vive en mi pecho,
cárcel de hueso en mi cuerpo,
cuerpo de trapo con alma de perro.

Morirá sabiendo
que la muerte no es más
que el paso para soñar
al mundo abierto,

alma
y
pájaro muerto,
ecos de sus graznidos
que retumban
en mi,
bombeando sangre
con forma
de silencio...

Silencio
que oculta
un consabido
secreto.

Secreto 
que nadie cuenta
por que es
un callado
sufrimiento.

Volviendo a perder. (En la taberna de Frank)

Llevaba tiempo
sin acudir a la taberna
de Frank.

Cuando entré
estaba leyendo
un libro de poemas
de piratas muertos
que se habían podrido
en la pena.

Le chisté desde lejos.

Pss. Pss Tú... tuerto cabrón!

Levantó su ojo malo
y me escrutó,
después dijo...

Puto desalmado!!
has abandonado
esta verdad
la única
que te ha mantenido
cuando mis hijas
te alentaban
para beber más
del amor negro
que se te escapa....

Que has hecho
todo
este
t
i
e
m
p
o...
...
Mira las telarañas
mira el polvo
de la barra...
por aquí
han pasado
los mejores momentos
de este blog...

ahora tus nuevos
lectores
no saben ni quién soy...

Eres uno que pasa
y no ama...

¿No recuerdas nada?...

A Frank se le cayó
una lagrima...
parecía un plomo
de pesca
en un mar oscuro...
su pena
no pasaría por un colador
de cocina...
demasiado espesa.

Le contesté.

Frank...
es cuestión de voz
es cuestión de pasar
tiempo en alta mar...

Navego por la vida
porque no me queda otra
que navegar...

Tu no navegas ya Cooper.

dijo Frank.

Vas a la deriva
y solo tú sabes por qué.

Amor callejero.

Por aburrimiento
comencé esta carrera,
la que nunca acaba.

No culpo a nadie
por estar aquí.

Pero me aburre.
no es una premisa
de vida,
es una máxima
del poeta
que se aburre
olisqueando esquinas
y no encontrando
donde orinar sus versos.

Cómo el perro callejero
conozco al hombre,
y aunque le plante cara
es mejor huirle.

Porque jamás
el hombre
entiende al perro
y a veces
algunos,
hasta nos patean.

Nosotros
nos vamos
con un quejido,
pero somos
incapaces
de guardar
rencor;
siempre acudimos
a la mano
que porta algo
de alimento...
no para comer,
sino para que nos acicalen
tan solo
eso:
acicalen.

Es difícil
y complicado
ser hombre,
por eso en este universo,
algunos
y
solo
algunos,
somos
perros
callejeros...
Por el bien
de los que nos maltratan.

Servicio y sistema, una vida que nos dictan hecha.

Este hotel
tiene las sabanas ásperas,
la almohada repleta de chinches,
la moqueta con pis seco.

El botones es tan viejo
que siempre trae
el filete frío,
y la propina
se le cae de mano,
porque le tiembla.

El fantasma de la habitación
ya no se afeita,
y en vez de miedo
me da pena.

Este hotel
está demasiado visto,
ya no es más
que una habitación rancia
con orientación a
media noche,
media vida,
media pena...
ni pena entera.

Quiero viajar y mudarme,
deseo soñar con sabanas limpias.
este hotel,
hostal de medio pelo,
es una ignorancia
que no afeita
su vergüenza.

No puntúo y no se hacerlo. Pero vivo para intentarlo.

Raro
extraño
difícil
complicado
rompe los versos
le apasiona
muerte
no encabalga
y mata
versando
es un lobo
es un loco
es un matado
que
duerme
en los parques
cuando
se
emborracha,
no
le
importa
pero
se mata
con cartones
en los que
la publicidad
dicta
el agradecimiento.

Erudito
erudito
deja
el estudio
para ser culto
y estudia
para sentir
lo que aprendes