En medio
de mi mugre
está mi corazón.
No me reconozco.
Siempre he sido
un bicho raro,
un 4° de E.G.B
una pieza de exin castillo,
todas mis películas son mudas,
y aprendí a derribar castillos,
con las trenzas del hastío.
En favor de la locura y para no caer en rutinas de asedio apático.
En medio
de mi mugre
está mi corazón.
No me reconozco.
Siempre he sido
un bicho raro,
un 4° de E.G.B
una pieza de exin castillo,
todas mis películas son mudas,
y aprendí a derribar castillos,
con las trenzas del hastío.
Todo me huele
a tu coño.
Las ausencias
de esta estancia,
las largas noches
rebozado a solas
en la cama;
traen el aroma
a mis dedos,
de nuevo,
como una efervescencia
desatada.
Todo me huele a coño,
ese aroma que perfuma
el mundo.
Escapo,
me escabullo
de lo aprendido,
creer en lo que no se ve,
es andar ciego de rabia,
por el mundo.
Siempre he sido,
de aprender
en los filos
conscientes,
del sufrimiento.
Quizá el mañana
traerá más miedo,
ojalá las armas,
dispararan esperanza.
Sé como vuela la garza,
como destruye el fuego,
como atardece en el Egeo,
como cae la lluvia en Asia,
como rompe el mar, en Hornos.
Créeme si te digo,
que el escalofrío que recorre
mi sexo al besarte,
es un cóctel del mundo entero
al sintetizar la belleza,
que habita en este planeta.
Mañana te diré,
al oído, en secreto,
dónde está la muerte
cuando eyaculo contigo.
Esta noche... bésame;
quiero sentir la luz
en esta noche de invierno,
al borde de la copa de vino.
Prendido del pelo
llevo vello de su pubis.
La noche se ha hecho corta,
el vientre está repleto
de esperma,
ella deja la cama y se peina,
el sol sale con desidia.
No me gusta
elegir nada,
prefiero ser elegido.
Vivo en materia
humeante, onírica,
aspirada en frío.
Rompo y soy deshonesto,
con todos mis principios;
no me gusta
que las cosas acaben,
por eso rompo mi parto
en medio de esta confusión.
Capacitado para el dolor,
no tener destino
para huir sin principios:
hasta el final de la vida.
Cementerio de plástico.
Sigo bebiendo cerveza,
es navidad y en la atmósfera,
huele al cloro del verano.
Todo es cíclico,
hasta la estupidez de los dias,
y lo colérico del espíritu.
Tengo todos los ingredientes,
hace tiempo que escapo
por el sumidero de la desazón.
Algún día comeré de los platos
dulces.
De momento, sigue el hijoputa
haciendo zumo con mi corazón
desgajado.
Cae la noche,
Las estrellas
resbalan al reverso
de su ultratumba;
el universo da la espalda,
sólo queda esperar
la tenacidad
de la esperanza,
mientras la muerte
visita mi pecho
de cobre,
al tanto que mi corazón
explota en tiempos.
Me disparo,
en medio de esta
luvia abatida.
Estamos interrumpidos
dando luz constante,
ora blanca, ora amarilla.
Vivimos encendidos,
solo el vago recuerdo,
de alguien,
volverá a encendernos
después de muertos.
Se me repite
de un tiempo
hasta ahora
el mismo sueño:
me masturbo
metiendo mi polla
en un poemario
de Silvia Plath,
me corro entre la muerte,
eyaculo suicidios,
vidas que entre versos,
son la simiente escasa
de mi existencia.
Barro simpre
para fuera,
no deseo más
de lo que en mi hallo;
barrer para dentro
no es exacto
y menos conciso.
Todo aquí es simpleza
y por eso crea
complicidad exacta.
No hay más que lo que
hace falta,
algo de calor, un poco
de pan, sexo y cerveza.
No barro nunca para dentro,
prefiero hacerlo hacia fuera,
así comparto lo simple,
y con ello me hago complice,
de un universo inestable.
He aprendido
a contener la dulzura.
Todos los males,
vienen precedidos
de una carta bien escrita.
Por mi sangre,
viaja una incontenible
y exasperada,
pelea de perros.
Tengo el corazón
como el fonamulista
resbaladizo,
necesito el silencio
que rasguea en mi,
el toc, toc;
de su corazón en mi oído,
arrancando la frontera de su
pecho:
quiero hacer caldo con sus huesos.
Tierra entre
mis manos.
Esas que de pasta
onírica,
amasa los huesos
destrozados
por el poema.
No hay peor
calificación,
que la que el necio
redacta entre palabras,
sin conocer
su pronta respuesta.