Silencios, sorpresas, imaginación intensa, verbos que se deshacen en la boca.

Me gusta leer,
me hace pasar largos ratos
casi a solas,
creo en mi cabeza,
colores que no sabía
de su existencia.

Me llena leer,
me atormenta a veces,
me crea sentimientos
extraños,
rara vis, rara relación.

No lo he leído todo,
pero leo todo lo que puedo.

Leo libros,
leo revistas,
leo cartas,
correos,
mensajes,
leo recetas de cocina
en el reverso de los paquetes
de pasta,
leo prospectos de medicinas, las que tomo;
leo el reverso de los botes de gel,
leo zapatos,
leo ríos,
leo sonrisas,
leo cuadros,
leo la constancia,
la felicidad,
el amor,
lo inerte,
lo vivo,
leo la nada,
leo el vacío,
leo a los niños,
leo los pasos,
leo las personas,
la gente,
leo incluso cuando hablo con otros,
o con otras.

Leo acostado,
leo sentado,
leo de pie,
leo cagando,
leo tirado,
leo acurrucado,
leo haciendo el amor,
leo follando.

Leo en los bares,
en la calle,
en los parques,
en casa de otros,
leo en centros comerciales.

Leo a oscuras,
leo con el sol,
leo con la luna,
leo contigo que ahora lees.

Leo en la constancia del espíritu,
en el filo de la cordura,
que también es el de la locura.

Me gusta leer, y leo con ella.
Ella es la mejor de las lecturas,
leo sus palabras, sus gestos,
sus sonrisas, su despertar, sus enfados.

Leo sus defectos, leo sus pasos,
leo su distancia...

y después de todo leerla:
La leo.