Por si el café se enfría y las sillas se rompen.

 Voy cayendo 

rodando silencio abajo.

Amo la soledad del ostracismo,

esa que me engrandece

por mantenerme apartado 

de los gilipollas de la calle,

que te miran por encima 

de un hombro al que ni ellos mismos

llegan.

Me amo en esta soledad, de las personas

que me aman sin miramientos.

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