Resucitaré del papel, y mi palabra será un hecho.

Me estoy secando, pensaba.
Se me repiten las palabras,
estoy fuera de léxico.

Soy un bombón amargo
intrauterino.

Interminable, me dibuja
la noche, bebido por bares,
absorto por otros.

Todos son vampiros,
meten la mano en mi bolsillo.

Se me agolpa el sufrimiento,
y mi corazón es un ancla de asfalto.

La lengua no corre, y los dedos envejecen.

Se me repiten las palabras, estoy fuera de léxico.

Me quejo, de la queja y la queja me vomita,
bucle estúpido, inenarrable; bosque de vaginas cortadas.

Solo quiero ser re-parido, empapado en placentas ajenas.

Se me repiten las palabras y me quejo,
se me repiten los besos y renazco.

Lo mejor que hago a veces es amarrarme a la cerveza.

Así como renazco en los besos, deseo renacer en la queja.

Y si tengo que escribir la misma palabra, no hacerlo,
si no besarla, y chupar su placenta.

Las palabras siempre van al mismo monte,
como los besos, como las cabras.

y allí, en ese monte, siempre hay un lobo para devorarlas.