Estaciones abandonadas, pasajeros que lloran maletas.

Ante el túnel,
mi sombra
es un trashumante
homónimo.

Ella llega como la lluvia,
no como el chubasco,
ni el monzón,
sino, como la lluvia.

Deja caer sus dedos
y después, hasta su alma,
pide el permiso al perdón,
para aparecer como parto
sereno.

He cambiado la indiferencia,
por la importancia, a todo
lo que antes me exigía atención.

Suelo caminar solo,
hablar solo,
beber solo,
llorar a solas.

Me gusta saber
qué aún, no sé,
lo que tengo que aprender.

Su vagina, es una enciclopedia
del cariño.