Tropiezos a expensas del hambre.

Cuatro clavitos
tiene mi cama,
mis dos ojos
me vigilan.

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Escribo
porque la vida
es una ecuación
y yo soy de letras.

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Siempre que alguien
se va,
mi corazón
hace como las lavadoras;
desordena mis calcetines
para dar un tras pies
tras tres tristes dudas.
Esas que desgranan
la vida con prisa.

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Sale el sol
sin pedir permiso,
como la sonrisa
exuberante de su boca
mañanera.