Aclarando la existencia del negro, me corto las venas para descubrir el cuello del cielo.

El espacio es verde,
los besos son verdes,
la música es verde,
la estela universal es verde,
el poema es verde...

el viento es verde,
el viento es verde,
el viento es verde,

los besos son amarillos
los abrazos azules,
por eso el amor es verde.

La sopa es verde,
la cerveza es verde,
las sabanas son verdes,
los sueños son vida,
y la vida es magenta,
cian y banca.

Todo es verde
cuando duermes en la hierba;
hasta mi guitarra desafinada es verde
y el haiku es una construcción mínima
estructurada,
y es verde.

Lorca era verde, reverdecía en su vida
hasta en su muerte negra,
y heredamos verde,
la herencia del dolor,
la herencia de lo no muerto pero incontrolado
de lo blanco.

La vida es blanca,
la tiras al suelo,
se rompe,
y se desangra en verde.

Todo es verde porque La Odisea,
marcó las quijadas partidas por espadas;
como la esperanza del hombre matado
que riega con su sangre el suelo:
semillas esperanzadas, destinadas al verde.