Parpadeo en el sueño

Y si me dijera
que al final todo
no es lo que vivo...
volaría en un barco de cristal
roto...hecho añicos
por la muerte del sueño...
mientras la lluvia
empapa mi espíritu
vulnerable
de papel...
mi alma de cartón piedra
intentaría atravesar
como un jinete
iluso
cargado por
lirismos,
lo incesante
de la vida, que reflejo
de esto;
sería como
un pato muerto
de pluma finita...

Cargo mis armas
que luego no disparo,
las dejo dormir
en mi vagancia...
no soy nadie,
que es ser algo más;
que algo dentro de nada,
y todo viene
a lo mismo...

Las puertas tienen
cierres...
pero sin saberlo,
poseemos
las llaves
de las que más
nos asustan,
el resto las dejamos  abiertas
para que salga nuestra muestra;
muestra
muerta de hastiada
vivencia....

Y el ritmo vuelve al poema
como al espía la pista...

No me conformo
con nada,
como vosotros
me bendigo
en mis males
para curar
la llaga de la culpa...

Esto no es poema
es una vena de la palabra
marchita....
que se desangra en la madrugada
mientras la lluvia
cabalga sobre el jinete
de la memoria,
para caminar hacia delante
abanderando la culpa.

Todo es extraño sí...
pero sin saberlo,
es más nuestro lo extraño,
que lo que conocemos; y
lo conocido:
auto-mofa

A solas...
A solas...
me vengo abajo,
pero con gente
me entierro
en mi mismo
para no ver
la extrañeza
de los demás,
es lo que nos deja,
el nombre,
el olvido,
la sed,
la mirada,
la ceja,
el parpadeo
(muerte en vida
que descansa
el ojo mientras amas)
la mentira,
la verdad,
la luz,
la mesa,

la puerta,
la puerta,
la puerta,

la nada,
y el grito...
pero se nos olvida
lo importante:
la promesa...

Y si mi pene eyaculara
semen sanguinolento...
escribiría vuestro
nombre
en
las
paredes
de
mi olvido...

Pero nací jinete
y cabalgo
en una estrella
que clava sus puntas
en mi
retorcido recuerdo,
lugar donde no escribo
ningún nombre...
únicamente
se atora
de vivencia
que sueño,
mientras
vuestro parpadeo
se trasforma
en defunción:
de mi
propia muerte.