El dios de las bicicletas.

Jugando con la tentación,
el silencio me mata,
me arrulla al desierto,
pido licor en los bares
a las nueve de la mañana
y para no pagar digo
que soy el enviado
del dios de las bicicletas,
ese que cuando le pides
algo sale pedaleando...

Las camareras
sonríen cuando llego
y la gente espera que hable
para llamarme bocazas
a mi espalda.

pero no me importa,
poca palabra y mucho
viento
soplan en la misma dirección
del silencio.

No esperes el amor
nunca llega
es mera costumbre
que se hace cayo...

Me llaman bocazas
porque siempre digo
lo primero que se me pasa
pero nunca lo que pienso.

me llaman bocazas
pero el mundo calla
para escuchar
al poeta borracho,
que roba las bicicletas
a un dios
que no existe
y así pedalear contra el viento.