Sin deseo para llegar al ego.

Porque todas las despedidas
aclaman la verdad de lo incesante,
jamás me veréis quejarme
del dolor que acucio.

Eso sí, barbaries a mi ego
daré siempre bienvenida
moral,
más que nada,
para que la situación
de lo aclamado,
pueda ser un olvido
que jamás nos cueste
lo que en su momento
nos odió por vitalistas.

Así de esta forma sin calificativo,
deambularé por medio de lo heredado
como un imaginario sin perspectiva.