Mañanas en las que el frío se filtra por la ropa del armario.

Coincido con el vacío
en el preciso momento
que la duda se expande.

Como la apertura de alas
del ave, que olvidada realiza
su migración solitaria,
me desperezo por las mañanas.

La vagancia me colma el espíritu,
remoloneo en medio de la cama
como el niño que juega en el barro.

Describo mientras el sol
llama a mis parpados,
tu nombre mientras despierto.