La fruta de septiembre es apenas un mordisco al aire.

Entierro las manos en arena
como si buscara letras,
y la tierra me devuelve
menos arena que la que cubren
mis dedos, apenas unos granos.

Piso el asfalto de puntillas,
mientras arde mi estomago
al imaginar lo que recuerdo,
como un sueño aciago.

Miro todos los relojes
menos el mío,
como si mi tiempo
no fuera este,
o la hora estuviera cerca.

Parece que fue ayer,
cuando reflejaba mis manos
en el agua del lavabo,
y pescaba sueños
dentro del agua rota.