Mirando al fondo del charco, que la lluvia dejó en mis ojos.

Vivo en una casa con mil espejos.

La ciudad está repleta de espejos.

El imaginario es un espejo.

Por todos sitios veo mi reflejo.

Nado por un mar de infinita persecución
a mi mismo, en la que no me hallo.

Al final, en el último, está el tuyo,
en el espejo roto.

No tengo miedo a verme,
sí a tropezar con el roto
y que los siete años,
sean otro torpe reflejo
de mis ojos cansados.