Descuentos de una vida, a la muerte en rebajas.

Subido.

A horcajadas
ordeño sobre tu cara
el sobrante de mi muerte
que no deseo en mis venas.

La muerte como un caballo
salvaje e inyectado
con aguja de molde
oxidada,
recorre errando
todo el espacio de mis desilusiones.

Luego, me deslizo
por tus senos abajo,
esquiando tus pezones
vanagloriados de palabras
que tanto se me repiten
en la boca al escribirlos.

Corro huyendo por la ciudad,
como un niño macarra
con los bolsillos llenos
de canicas del orgasmo.