Torres caídas al soplo de un tropiezo.

Nunca corrijo
en eso que yerro.

Me equivoco
y me humanizo
por ello.

Vivo en entrega
de todo lo que arde.

Llevo una piedra
conmigo, es la misma
con la que siempre tropiezo.
De mi herida abierta,
brota sangre
que no es mía,
porque equivocarme
es empatizar con el error
que tú cometes,
y no lamentarme
de la existencia.