¿No imaginas el sol tomando un café con pimienta de madera?

Tengo tantos pasos,
para un solo camino,
que disfrazo de sendero
las palabras
escapadas por la comisura
de los intentos huidizos
que acotan mis tanteos
de vida desaforada.

Arriesgo mis conclusiones
en favor absoluto,
contrariado,
desmedido,
y excesivo
de esas paredes
que pinto y no dibujo.

Se me revuelve
todo lo olvidado,
dentro de un estomago
imaginario,
que vive en su sangre
tragada a borbotones,
sorbida por el lado
del sabor dulce,
caramelizando el sufrimiento.

Ando en la rivera de todos
los ríos,
mas no sonrío.

Echo cebos agrios,
porque soy quien muerde el anzuelo.