Saliendo de un bar, y buscando otro a unas horas demasiado pulcras.

Obtengo un giro
maldito en su medida.

Clavar a base de sufrimiento
la imaginación desarrollada,
es como pinchar una aceituna
con la fe de que es oliva.

Voy a cambiar lo que no es mío
y poseo
por décadas de labor trágica;
así tendré más poco de lo que quiero,
y mucho más de lo que no deseo.

Es cuestión de agarrar
lo que no es nuestro,
creernos los amos de aquello
que está por encima de nuestros deseos.

Caminar hacia delante:
pisar cristales
con decisión definitiva.