Observé dentro de mi, que no existe diferencia con lo sagrado.

Deambulo con dos signos.
Cada uno
en una mano.

Uno me aclama,
el otro me desespera,
por uno canto,
por otro me muero
en cada hebra.

Quise estudiar lo más sagrado,
y solo aprendí,
que dentro de los dioses,
nada más hay, que corcho blanco.