Concubino de lo advertido.

Aún mantengo,
algo de fuego en mis tripas,
esas que guardo a hurtadillas,
en el cajón de tu mesilla.

Esta mañana fui a regar
las plantas con mi tos,
nada es lo que era.

Me descalcé y hundí
los dedos en lejía,
mis pasos son negros:
todavía.