Con las uñas derrumbadas, por no rascar cuando me desespero.

De tan despacio
que camino,
no puedo contar
los árboles del sendero.

El ginko, se cubre
de aire y sufre.

Me recuesto
en la hierba,
junto a un campo
de cebada,
nada puede detener
este suspiro
que se atranca.