Soledad interestelar que chapuza su vida, en café rancio, en el cigarro viejo y melancólico.

Hay sol por todos los lados,
conduzco al supermercado,
soy un extraño en medio del cielo.

La gente fuma y bebe café,
sentado en una nube espero
el humo de sus corazones.

Examen de conciencia al hombre
extraño, que vino pensando distinto.

Apuro mi cerveza a las once de la mañana,
sentado en una nube espero
el humo de sus corazones,
como el mendigo, saco la miga
del sol, para untarla de aliento.

Hay demasiados infiernos,
pero nos ha tocado este,
en el que la luz sale,
con un paroxismo
inherente.

La gente fuma al sol,
al tiempo que apura su adicción
a la soledad encubierta por otros...
y mientras,
sentado en una nube,
espero el humo de vuestros corazones,
como la oferta del dos por uno,
en el mostrador de la carne muerta,
esa que una vez tuvo la misma esperanza
de vida,
esa que ahora resucita saciando
el hambre de compañía.

Y mientras, sentado en una nube,
espero el humo de vuestros corazones.