Oraciones al borde de un cuello estrecho de botella, a medias.

Horror, pavor.

El acto de vivir es,
el acto de crear.

Si dejas de crear,
vivir es la muerte,
que mira hacia atrás.

Me gusta entrelazarme
en campanadas de muerte,
en noches opacas,
en los pueblos asesinos
en los que la memoria
mata sirenas y quimeras.

A solas, siempre,
en un duelo sin armas,
mi alma es un fusil peor
que cualquier revolver.

Aún tengo munición para mataros,
estoy vivo y escribo,
lo cual, no significa nada,
tan solo, que lo mismo muero,
o mi alma me reta y me asesina.

Pavor, horror... me devoro,
sin saciarme de muerte,
acto egoísta,
vida perpetua.