Humboldt es un envidioso, el azúcar de su estudio quedó lejos de una puerta al mar que menstrúa sexo.

He aprendido
a interpretar
mi confusa existencia,
trasformando
los puntos en galernas.

Ahora me vienen jaloques,
y bogo.
Al Lebeche le sío;
a Tramontana
le doy la espalda.

Siempre he sido
de abrir los brazos
al ostro,
para que me entren
sin medida todos tus céfiros.

El mar tiene una puerta
donde la vista,
es un corredor de un ultra-fondo
con ampollas selladas.

Jamás mirar tuvo tanta magnitud,
en la variable marinera.

Por los laterales,
llegan las lagrimas
del aire,
hasta el ciprés bálano.

La rosa de los vientos,
es una mujer abierta de piernas,
a la que se entra asaltando:
su puerta corrediza.

Para: Acha, Rocha y Cacha.