Arrastro los pies cuando ando.

Aún quedan coches
de colores,
circulando por tus calles.
Yo, mientras,
amaso un manojo
de hierros y escombro.
Sueño y deseo
algún día,
estamparme
contra un arco iris,
más triste que sabor
de tu vagina.
Hasta entonces,
mi coche será siempre,
color negro.