Se quema el desayuno mientras hablas por teléfono.

Salto sobre el fuego,
sutil sable de la mentira
proyectada.

Al candor del aullido,
doman la manta,
de una mesa camilla.

Yo no quiero más que morir,
después ya se verá,
porque para lo hay que ver,
mejor quedarse cojo
de la mirada, de los ojos,
mejor arrastrar arena,
para trazar un sendero,
hasta las aguas profundas.