Enfermé de niño, y ahora me curo con tu sexo húmedo.

Deslizo a menudo,
mi muerte entre tus dedos.

Callada, sientes mi pene
que palpita debajo de mis pantalones.

A veces me corro,
sin tocarme, sin que me toques.

Camino empapado
por toda la ciudad,
manchado.

El cáncer me dejó estéril,
pero ahora mi lefa
es como el pastel que no engorda.

Mi esperma es la sacarina
de los bares,
los gritos de nuestras paredes,
la espuma de nuestra cerveza.

Sabes que me masturbo
como un perro,
ando todo el día sucio.

Tú, responsable de mis actos,
tú, imaginario de mis bosques.