Cronómetros indebidos.

Cada cinco minutos o cien años,
echo esa cabezada curable de almas.

Suelo estar callado y sonriente,
como un gusano entre la arena.

Puede que algún día lo inseguro,
sea posible.

Me gusta bailar en la cocina,
música infernal de los fuegos,
todo bien hecho, y lentamente.

Me gusta satisfacerme con cualquier cosa,
abro el frigorífico
y miro de arriba a abajo,
todo está ordenado y brillante,
la indecisión ante lo correcto,
me enturbia el alma,
no acabo de elegir nada bonito,
por eso siempre voy
donde la muerte congelada,
para hacer hamburguesas
con relleno de sabanas.