Sinfonía para un vaso de agua.

Es un chorreo continuo,
para frenar con ímpetu.

La pastilla en la palma
de la mano contraria,
que mira fijamente
a tus ojos
adivinando tu interior
antes de ser tragada.

Es un viaje cristalino,
en vaso usado para vino.

Los amigos no están ahora,
es el momento de beberla,
todo es una forma constante
de liquidez,
la ruina de un desolado vagabundo
que desconoce a todo el mundo.

Un desafío
en la pradera seca,
sin muerte vana.

Nadie lo sabe, el agua es fémina,
trata de arreglarse, antes de ser bebida.

Ella es  agua,
el vaso recibe hasta el último goteo,
una extrañeza antes del dolor,
gestual y fingido.

No están los amigos en el agua,
no está el amor en el agua,
no está la solución en el agua,
sólo el origen de nuestra vida,
que bebemos como si nada.

Bebo el vaso de agua,
trago el beso de agua.

Mi sed no se calma,
y todo el mundo es un desierto
si no bebo su agua.