Amor miniado.

Tengo esto abandonado,
cuelgan telarañas de días pasados.

No escribo como antes,
a penas me fluye,
el dolor me tiene arrinconado,
en un sofá.

Miro por la ventana
y esperar se hace desesperante.

Ella va por el espacio,
como una nave desquiciada.

Sube las escaleras,
tiende la ropa,
intenta descansar,
se retira a veces a su rincón,
y silencia su rabia,
para volver con una sonrisa.

Se sienta y redacta informes,
mientras arde con su piel
y sus ojos se despellejan.

Jamás le escucho una queja.

Me pregunta si deseo algo:

Deseo que vuelvan los viernes,
los jueves canallas,
las risas,
y el piélago consciente.

Va de arriba abajo,
como el yo-yo.

Se recuesta en mi hombro,
y viaja, y se cuestiona: ¿Me querrá?.

Llega con la cena, donde estoy postrado,
me reconstruye, es experta en mecanos,
ceno, cena, cenamos,
la beso, me besa, nos cenamos.

El día es una inquietante jauría
de emociones,
la noche es la red de las dudas
del emocionante día, aún por corregir.

Le acaricio el cuello,
el pelo, adormece.

Viajamos a la cama,
sin saber si vamos a dormir,
pero nos queremos en medio
de esta desesperación;
de esta prueba del destino.

Hay mucha intoxicación,
el mundo está enfermo,
pero procuro estar vacunado;
vacunarla.

Deseo a veces,
haber nacido topo,
o lombriz,
y pasar por debajo
de toda esta mierda de letras.

Mas deseé con más fuerza
un amor traído desde Titan,
y ahora que lo tengo,
jugamos entre los anillos de saturno,
cuando desatamos ambos,
este niño no parido, que los dos,
estamos criando, con todo lo de antes.

Deseo que llegue pronto,
este sofá,
es una inmensa soledad.