Volando espantapájaros, bajo la angustia de la histeria.

Interminable.
Inextinguible.

Barco pequeño,
charco vacío.

Me voy tranquilo,
a la orilla de la muerte,
a mirarme en tus espejos.

Mi corazón está a la sombra
de una flor petra.

El sendero es discontinuo,
en ocasiones, aburrido y corto.

Hay una puerta en tu frente,
un número en vientre,
un reja en tus pasos.

Voy cerrando poco a poco,
arrancando en mi,
aquello que huye de ti.

Soy jardinero, arranco fatigas
de tu cuerpo,
dejo volar de mi, el mal floreciente,
de esta humanidad podrida.

Hay sedas rotas manchadas de sangre,
hay colmillos que nunca han desgarrado carne.