Rimando con la muerte en mayo, la supe amar en un día de septiembre.

como un crisantemo,
erguida sobre su tallo
y piel,
se asemeja,
para escribirle encima,
a un trozo arrugado
de papel.

Se asoma el sol
por su pecho,
lo veo desde mi vista
trasera.

La mañana calma,
y el río recitando su bajada;
parece que el día anuncia,
el nacimiento del sexo
en nuestra almohada.

Me dijo la muerte,
que no la soltara,
ahora con mis dedos,
leo en braile entre la hierba.

Vamos a coger briznas de miedo,
tejeremos una larga noche
cuando todos duerman,
nuestra oscura y secreta
desazón de arrebato.