Siete minutos de triste deja-vu, entre prólogos y epílogos con lenguas húmedas y vientres besados.

¿Si pudieras ponerle            
un nombre a la tristeza
cuál le pondrías?

Miércoles por la tarde
a las 16:43.                            
Siempre me parecieron
tristes, los miércoles
a las 16:43.

¿Y tú?                            

Ayer,
si tuviera que ponerle
un nombre a la tristeza
le pondría ayer,
porque siempre
dejo por realizarme
algo que me debo.

¿Sabes?...
Hoy es jueves y son las 16:43.

La besé, y bebimos cerveza,
ella leyó el periódico
yo leí a Derek Walcott.              

El  jueves tardó mucho en marcharse,
duró siete horas ese momento
y se quedó para siempre
esa hora, a la que sumamos;
lectura, cerveza y besos.          

                      Siestas de agosto, con borrachera y deseo, que concluían al día siguiente.