Cartomancias, esperanzas y jazz a la tarde, con café y ventanales cuadrados plagados de lluvia.

Su sexo es un jacinto entre mis labios,
un crisantemo esperanzado de mi llegada.

Su sexo es una muerte prolongada,
un feto viscoso no-nato,
con toda la vida por delante.

Su sexo es una barca indefensa en el mar,
es asfalto no andado,
es almohada albergada de esperanzas,
es amanecer en mitad de una carcajada,
es una zarabanda de aullidos a doña Catrina.

Su sexo no es miedo,
pero en ocasiones es pena.

Su sexo no es tristeza,
aunque a veces es un abandono
al sueño.

Su sexo es una melancolía hirsuta.
Su sexo es para acuchillarlo de besos.

Su sexo es un corro ancho de la patata,
un columpio en medio de las avenidas llenas de coches.

Su sexo es la profunda sonrisa que provoca llagas
en mi camino, grietas y precipicios por los que me tiro,
suicidándome entre su piel, para matarme en orgasmos.